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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Contradicciones


Me gusta el resplandor del día y la luz tenue del ocaso.

Me gusta el tacto de la tierra volcánica en mis dedos y el roce del terciopelo.

Me gustan los seres dulces, callados y de mirada huidiza y las personas locuaces, vivas y de mirada clara.

Me gusta el aroma intenso del café de por la mañana y la fragancia suave de una rosa recién cortada.

Me gusta lo diáfano, me eleva y mece mi mente y también lo opaco por que me estimula.

Me gusta el rumor de las gentes y el murmullo esponjoso del silencio.

Me gusta que luz ciegue mis ojos y que las sombras acaricien mi mirada.

Me gusta lo complejo, desgranar todos y cada uno de los elementos y hallar el placer en la simplicidad más llana.

Me gustan los ritmos fuertes, in crescendo y las cadencias suaves, breves, apenas un susurro.

Me gusta el tiento de la piel desnuda y el retraimiento más profundo.

Me gustan las personas claras, francas y transparentes y los que esconden su mirada.

Me gusta ir y volver, hablar y escuchar, permanecer en silencio y susurrar con mi mirada, me gusta sonreir y mantenerme circunspecta. También me gusta navegar por los senderos de la mente y permanecer quieta casi absorta como esperando que la fuerza de la gravedad me aspire. Bucear por el firmamento y pasear por la playa.

sábado, 30 de agosto de 2008

Oscilador armónico

Siempre he creído que el secreto de todo está en las leyes de la naturaleza, incluso nuestro equilibrio personal. Por este motivo me gusta conocer los mecanismos por los cuales las cosas devienen de una manera y no de otra. Y por asimilación, analizar y constatar una y otra vez cuan cierto es que todo se produce de forma natural aunque a simple vista no nos lo parezca.

Hoy, paseando entre certezas y dudas, terrenos conocidos y por descubrir, he reparado en este concepto: el oscilador armónico. Se le define como cualquier sistema que cuando se deja en libertad, fuera de su posición de equilibrio, vuelve a su posición estable describiendo oscilaciones en torno a ella.

Interesante concepto para entender el mundo…

lunes, 25 de agosto de 2008

Cinco razones para estar aquí

¿Cinco?. ¿Tantas razones tengo?. Y... ¿ por qué son cinco, en lugar de una, dos , tres o tal vez más?.
Hace unos meses cuando me inicié en esta aventura me planteé esta cuestión , entonces no supe responderme, y la dejé pendiente, como tantas cosas...
Hoy sigo sin saber ni cuantas razones tengo y lo que es peor..., ¿ para estar dónde?.

miércoles, 6 de febrero de 2008

VAPOR...



Me gusta el coco, defintivamente. Hace mucho que lo sé, pero hoy lo he recordado no sé bien por qué razón. Un dulzor en el aire, la risa al sol, la ilusión por un pequeño viaje, tal vez la carta que guardé. ¿Por qué motivo asocio a menudo, a la gente a un determinado olor?, e incluso a un color, pero otro día ya hablaré de ésto.

Mmmm... y un saborcito dulce y meloso embargó mi paladar y todo mi cuerpo. Y recordé, una cocina, unas manos menudas removiendo la mantequilla de forma agitada porque se fundía lentamente.
El aroma a la leche hervida en un bol. Las galletas del desayuno o de la merienda especial. "Dalia", creo recordar, no podían ser otras decía, pues embebían demasiada leche.

El batir las claras a punto de nieve y preguntar una y otra vez por qué ponía una pizca de sal. Decantar el plato para ver si se caían y comprobar maravillada que no.
Abrir los ojos, expectante para que me dejara amasar. Dejar ir el coco, simulando la caida de copos de nieve en un mar de yemas de huevo, mantequilla líquida y azúcar .
Hacer olas con la masa, dibujar crestas doradas que cubrian la arena, mojada ya. En realidad, eran las galletas empapadas en la leche fría!, pero me gustaba jugar.

Disponerlas alineadas era para mí casi una obra de ingeniería. Verticales, como fichas de dominó, una tras otra y en el centro las crestas de ola, ahora planitas para evitar la caida, perfectamente dispuestas como unos libros en algunas vitrinas y comprobar con una sonrisa pícara , que no se caían. Y finalmente, cubrir el pastel con la clara montada y ver caer de nuevo, los dulces copos de nieve.

Unos pasos incipientes y leves, como el vapor que delicadamente se escapa en un guiso, como la dulce neblina, que se ha filtrado hoy hasta mi mente...




sábado, 2 de febrero de 2008

El poder de las orquídeas o el arte del encantamiento


Isabel me dice que las orquídeas son de mal augurio y cuando se las regalan las deja morir. Abandonadas en un pequeño rincón, las ojas lacias y las flores casi marchitas, apagadas por la falta de luz y de sed. Me entristece verlas así .

Alguna vez me he llevado alguna, a pesar de su oposición y de la advertencia reiterada del terrible efecto para quién ose poseerlas . Y extraña paradoja, aunque no lo es si se conoce a Isabel, tan poderosas flores permanecen con ella hasta morir.

Y, ¿ cómo siendo una fiel admiradora de tan bellos brotes y una cuidadora ferviente durante años, los he dejado consumir ?.

El extraño poder de la sugestión. Una forma de comunicación, la interacción de la mente y del cuerpo. La dualidad entre estímulo y respuesta. La sugestión como forma de educación, nos rodea desde la más tierna infancia. "No hagas esto". "Hazlo mejor de esta forma" . Hipnotismos cotidianos efectuados en forma de recomendación y que acaban en costumbre.

Por otra parte, percibimos el mundo que nos rodea a través de nuestros sentidos , quienes comunican a nuestro cerebro la información recibida, y éste a su vez reacciona en respuesta a estos datos de forma consciente o inconsciente. Así, recordamos a una persona por la simple imagen de una flor..... Sencillo, ¿verdad?.

SOS


Save Our Souls !. Salvad nuestras almas !. Las alternativas de traducción en español son Socorro Oh Socorro ! o Somos Ogándonos, Saludos !, para los amantes del humor negro.
Salvad nuestras almas..., bonita expresión que induce no solamente a pensar sinó a movilizarnos, es el primer paso para encontrar la salvación. Encontrar la respuesta, confrontar pareceres y lanzar la duda o el miedo hacia el exterior.
Ajá... la piedra lanzada está. Y comienza la espera, la desazón, las preguntas, los ruegos, la angustia y el mirar por doquier. ¿Quién la va recoger?. ¿ Llegarán antes de naufragar?. ¿ Cómo aguardar la nada?. ¿ Qué puedo hacer?. Preguntas y más preguntas , ¿ y mientras tanto, yo qué?.
La insustancialidad y el desasosiego de la espera. ¿ Cómo combatirlo?. Cerrando los ojos y observando nuestro interior. Permaneciendo en silencio para poder escuchar y disfrutar de lo que conservamos allí guardadito y que tal vez habiamos olvidado, cerrado con cien llaves o envuelto en la seda más fina.
En ese lugar como en una vieja caja olvidada en el desván, se encuentran viejas ilusiones, sueños por concluir y flores secas que al tocarlas reviven, florecen y nos inundan de la fragancia más delicada.