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miércoles, 13 de agosto de 2008

Otro cuento...

Cierta vez un hombre decidió consultar a un sabio sobre sus problemas. Después de un largo viaje hasta el paraje dónde aquel maestro vivía, el hombre finalmente pudo dar con él.

-Maestro, vengo a usted porque estoy desesperado, me angustio porque no me salen las cosas como quisiera y no sé que más puedo hacer para salir adelante.

El sabio le contestó:

- Puedo ayudarte en esto. ¿ Sabes remar?

Un poco confundido el hombre contestó que sí . Entonces el maestro lo acompañó hasta el borde de un lago. Juntos subieron a un bote y el sabio le dijo al hombre que remase hasta el centro del mismo.

- ¿ Va a explicarme ahora cómo mejorar mi vida?- dijo el hombre advirtiendo que el sabio gozaba del viaje sin más preocupaciones...

- Sigue, sigue... que debemos llegar al centro .

Al llegar al centro exacto del lago, el maestro le dijo:

- Arrima tu cara todo lo que puedas al agua y dime que ves.

El hombre, puso casi todo su cuerpo por encima de la borda del pequeño bote y tratando de no perder el equilibrio acercó su rostro todo lo que pudo, aunque sin entender mucho para qué estaba haciendo esto.
De repente, el anciano le empujó y el hombre cayó al agua. Al intentar salir, el sabio le sujetó la cabeza con ambas manos e impidió que saliera a la superfície. Desesperado el hombre manoteó, pataleó, gimió, gritó inutilmente bajo el agua. Cuando estaba a punto de morir ahogado, el sabio lo soltó, le permitió salir a la superficie y subir al bote. Una vez en él entre toses y ahogos, el hombre le gritó:

- ¿ Está usted loco?. ¿ No se da cuenta de que casi me ahoga?

Con el rostro tranquilo el maestro le preguntó:

-Cuando estabas bajo el agua, ¿ en qué pensabas?. ¿ Qué era lo que más deseabas en ese momento?.

- Respirar, por supuesto!!!!!

- Bien..., pues cuando luches para salir adelante con la misma vehemencia con la que deseabas respirar en ese momento entonces, estarás preparado para triunfar.

Cuento que no lo es


Hoy retomo mi afición por contar cuentos, la verdad es que siempre me han gustado. Como los refranes, los dichos populares y los proverbios, muestras genuinas de sabiduría.

Recuerdo que solía utilizarlos en las reuniones de trabajo y en mis relaciones personales, no tanto por la moraleja que todo relato de este tipo esconde sinó porque es una forma lúdica de encarar determinados aspectos rebajando el nivel de ansiedad. Estimulan la mente y hacen aflorar de alguna forma , el niño que todos nosotros llevamos dentro. ¿Te animas ?.

Se cuenta que en medio del patio de un cuartel militar situado junto a un pueblecito cuyo nombre no recuerdo, había un banco de madera. Era un banco sencillo, humilde, blanco... Los soldados se alternaban en una guardia constante, las veinticuatro horas del día.

Nadie sabia el por qué. Pero lo cierto, es que la guardia se hacía. Se hacía dia y noche, durante todos los días, todas las noches, de generación en generación. Todos los oficiales transmitían la orden, invarablemente. Los soldados la obedecian.

Nadie dudó nunca.., nadie preguntó nunca.... Para qué?. La tradición es algo sagrado que habitualmente no cuestionamos ni atacamos, simplemente la acatamos. Si se habia hecho siempre por algo sería...

Y así siguió haciéndose hasta que un día alguien, no se sabe con certeza quién, quizás un general o un coronel curioso... quiso ver la orden original.
Hizo falta revolver a fondo todos los archivos, buscar y buscar... y después de mucho hurgar entre papeles casi enmohecidos, la encontró: hacia treinta y un años, dos meses y cuatro dias que un oficial habia mandado montar guardia junto al banco, que estaba recién pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca....

Para pensar . ¿ No te parece ... ? .